17.6.12

El esquema de la muerte


Con Judith Butler, considero que en las normas de género están imbricadas cuestiones relativas al considerado sexo natural y a las sexualidades. Todos los cuerpos tienen una anatomía, unas capacidades biológicas, unos rasgos físicos. Estas características se interpretan a partir de un esquema binario que sólo contempla la existencia de dos sexos diferenciados. Con esta interpretación dualista, se le asigna un sexo a ese cuerpo: mujer u hombre. Esta asignación marcará el destino social, identitario, afectivo, psíquico de la persona, pues de acuerdo con su sexo sólo podrá desarrollar un tipo de identidad de género. Ha de existir una coherencia inquebrantable entre el sexo y la identidad de género: si se asigna el sexo «mujer», sólo se podrá ser un ser femenino; si se asigna el sexo «hombre», sólo se podrá tener una identidad de género masculina. Sólo hay dos posibles identidades de género, que han de ser inestables a lo largo de la vida de la persona y que han de ser coherentes con su asignación de sexo. Además, este dualismo de género genera una inevitable jerarquía y los dos géneros están en posición de desigualdad. El sexismo, la preponderancia de uno de los dos sexos por encima del otro, es intrínseco al pensamiento dualista sobre las identidades sexuales y genéricas.

Por otra parte, aparte del sexismo también opera el heterosexismo: la heterosexualidad es la única práctica sexual reconocida socialmente como saludable, natural y deseable. Sexismo y heterosexismo son lo que Fausto-Sterling denomina «proposiciones incorregibles», que no son sino los dogmas que las ciencias proyectan al concebir las categorías con las que operan. Sexismo y heterosexismo son dos proposiciones incorregibles que configuran todo el esquema desde la propia materialidad del cuerpo hasta la configuración de los afectos, comportamientos y habilidades.

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